UNA IMAGEN DE CALIAO. 1970

25 de diciembre de 2017


Me manda Carmen García esta imagen que su hijo Pablo sacó de Facebook. Su autor es José Ramón Lueje (1903-1981) uno de los más grandes estudiosos de la montaña asturiana. Sus libros y su legado fotográfico hablan por sí solos del personaje.La de veces que habré tenido yo libros suyos en mis manos, estando fuera, y buscando  en cambio una palabra o una imagen que confirmaran que Caliao formaba parte del mundo. Me tocó crecer como el resto, dando sentido a aquel refrán tan celebrado que indicaba que "no  hay mayor desgracia que nacer en mala tierra".
La imagen tiene una fuerza portentosa. Expresa en sí misma un final de ciclo, pues las primeras nieves, tal vez octubre o noviembre, obligan a bajar el ganado del puerto. A la vez es el comienzo de otro ciclo, que se escenifica con las primeras casas del pueblo, Caliao, con la casa de Catalina Aladro habitada y con las sábanas secando al aire. A la vez refleja de manera rotunda los estertores de un modo de vida. Seguirá habiendo ganadería, pero será de otra manera. Esto es el final de un modo de vida tradicional que supo vivir y convivir con el paisaje. Tal vez por eso sea una foto con alma; con el alma de esta tierra, que es la mía, que es la nuestra.
Intuyo que quien va en la mula es Juan Luis Aladro.
Espero que desde donde esté J. R. Lueje, me permita tomar prestada su imagen con el único ánimo de darle un poco de aliento y en la medida de mis pobres posibilidades, darle las gracias por dedicar su vida a investigar el paisaje y el paisanaje de nuestra tierra. Sea cual sea el medio, mientras una imagen esté presente en los ojos de la gente, estará llena de vida por más que haya pasado el tiempo.

Fuente: José Ramón Lueje

ANTONIO BLANCO GONZÁLEZ




Aunque su nombre era Antonio Blanco González, para los lugareños era Antonio el de Gerardo. Vivía en La Infiesta (La Felguerina) y el lunes 18 de diciembre nos tocó despedirlo. Siempre me quiso y yo siempre lo quise a él, supongo que porque crecí viéndolo "andar a l'herba" en el Colláu, detrás de El Cau. 
Lo mismo que él a nosotros.
Hablo de otros tiempos en los que la compañía visual de los otros formaba parte del paisaje, mientras se trabajaba y se encontraban por los caminos y se oía a la gente cantar por los sitios y no había esa sensación de soledad que hay ahora.Esa compañía visual era muy importante. Quién lo vivió lo sabe.
Antonio era una persona muy generosa, pero muy particular. Siempre inmaculado, sin un pelo fuera de lugar, no le gustaba que nadie le hiciera favores porque quería devolverlos doblados y lo hacía. 
Hace muchos años, en una feria de octubre en Casu, yo andaba por lo de la artesanía y estaba viendo "les cuyares de maera". Antonio se acercó a mí y me preguntó si me gustaban. 
-Home, sí, le conteste. A los que somos muy manibardos, siempre mos gustó lo que fuerguen los que saben.
-Pues tengo de traete yo una cuyar.
Pese a mis protestas lo hizo y no me trajo una, sino dos. Me las llevó a un entierro en Buspriz, al que los dos fuimos sin encontrarnos y me las volvió a llevar a otro en Caliao. Cuando sacó del bolso de la chaqueta semejante joya, yo no daba crédito. Se lo agradecí tanto porque aquello era algo extraordinario.
Un día se las enseñé a mi padre y vi como las miraba en silencio, les daba vueltas, posaba una y cogía otra y así durante un largo rato. Al final acertó a decir: "Bueno, non sé dicer cuala está meyor fecha".
Son las cucharas que encabezan estas líneas. Son como para la miel .
En mi infancia, "en cae mio güela había una cuyar de la miel" que utilizaban todos directamente, cuando se tomaba "una cuyarada de miel como melecina". Lo mismo que el vaso de la sidra. Ni con la "cuyar de la miel", ni con el vaso de la sidra sé de casos de contagios. Eran "cuyares muy dibujaes" como estes.
Yo por aquel entonces no sabía del enorme talento que Antonio atesoraba para la talla de la madera. Pero en una ocasión en que le comenté mi admiración a un amigo que lo conocía bien, supo decirme:
-"Antonio fuerga les reyes de un portelleru de azáu y naide diz que non son de sierra". Creo que no se puede decir más con menos palabras.
Se nos fue Antonio y a mí se me fue un amigo al que voy a echar de menos, con la misma figura de siempre, con su chaqueta y su cayáu y el peinado como recién salido del baño.
Descanse en paz.

RICAO 2017

17 de septiembre de 2017

Volvió a llegar la fiesta de Ricao a Caliao y volvió , como siempre, a marcar el final del verano. Como quiera que sea es una fiesta muy especial para los vecinos, al menos yo así lo creo porque sin duda para mí lo es.
En la familia de mi madre siempre gozó esta Virgen de mucha fe porque en la asegunda guerra carlista (1846-1849), mi tatarabuelo Indalecio Calvo cayó herido en Montjuïc en un brazo.Al parecer gritó: "Ay Virgen de Ricao, ampárame" y lo oyó un "coyán" de Llaíñes (Ladines. Lo escribo en asturiano porque mi madre siempre lo dijo así), que también estaba herido en una pierna, y supo que allí había uno de Caliao. Se vendaron mutuamente "con la falda la camisa" como tantas veces oí contar en casa de mio güela Aurelia y de aquella nació una amistad que habría de dudar a través de los años, de modo que mi madre y su prima Enedina todavía iban a castañas a Llaíñes y se quedaban a dormir en casa de esta familia.
Mi tatarabuelo hizo el viaje a Montjuïc (Barcelona) andando y de un preso de esa localidad trajo a la vuelta el juego de cartas "El rey Rufino" que algún día pondremos en estas páginas y que aún queda gente como Anita Gao que lo sabe de memoria.

La Virgen de Ricao, antes de salir de la iglesia para ir hasta su capilla.

III COMBINADA DE MONTAÑA EN CALIAO

16 de septiembre de 2017

Se celebró el 3 de septiembre de 2017. El día precioso, con un sol radiante. Se desarrolló sin incidentes, si bien pude ver que hubo algunas caídas. La "rosada" (el rocío) es muy apetecible para escribir poemas; en cambio para según qué cosas causa estragos. También se quejaban los corredores de arañazos de los "artos" (zarzas). Es lo que tiene hacer una combinada en una naturaleza tan exuberante. Todo lo demás entiendo que bien, aunque delante de la iglesia, con el sol de las doce del día, hubiera hecho aconsejable un "puestín" de cervezas, para darle una alegría al cuerpo después del esfuerzo.


Miguel Aladro entrando en meta.

Mi amigo Rubén, en el centro, no se anduvo con chiquitas y ganó la prueba.

 En el podio

Alejandro Armayor, de Tanes, en el podio con sus hijos Samuel y Eduardo. Lo de su cara es mucho más que satisfacción.

El marco para el podium era una naturaleza digna de un cuadro.