EL PAÍS DE LA BANDURRIA

9 de mayo de 2013


Mucha gente se refiere a Caliao como "el país del agua" y no le faltan razones para, diciéndolo, acercarse a la verdad. Con la misma carga de razones podríamos hablar de él como "el país de la bandurria", siempre que al hacerlo nos estemos refiriendo al rabel, que es así como aquí se denomina.
Además de ser tierra de buenos artesanos, que supieron construir y conservar el instrumento, también supieron conservar en la memoria sus sones y, por supuesto, todas las letras que se cantaron desde antiguo con él. Es lo que constituye una parte importante de esa rica tradición oral que atesora Caliao.
No en vano cruzaron el Atlántico rumbo a Argentina "algunes bandurries" con la mano que, ya en esa tierra, supo arrancarles sones con la sangre de la tierra que habían dejado atrás.
 Desde hace tiempo, y coincidiendo con la fiesta de Santa Cruz, se vienen produciendo encuentros de bandurrieros para amenizar un concierto con este instrumento. Este año era el "15 Alcuentru". Así, como quien no quiere la cosa.
Pero tal vez lo más emotivo del acto fue el darle a Arcadio Calvo una talla conmemorativa por ser la memoria de todas esas coplas cantadas para todos los investigadores que se acercaron por Caliao.

 Es José Fernández quien le dedica a Arcadio unas emocionadas palabras y quien glosa su labor, haciéndole entrega de la talla de una bandurria en madera de cerezo.




1 comentarios:

MARIA DEL CARMEN CALVO MARQUEZ dijo...

Es verdad "algunes bandurries" cruzaron el Atlántico y una de ellas está en casa, en Buenos Aires, como legado de mis ancestros, como recuerdo latente de esas reuniones en la casa de Juan Ramón, mi bisabuelo, el del Oteru, donde se reunían para cantar y se hacía culto de la amistad.
Cuando se lo permitían, mi padre Juanín, participaba en esas reuniones, y cuando no, espiaba por una ventanita que había por la escalera.
Gracias por tan lindos recuerdos.